EDUCACIÓN BASADA EN NORMAS DE COMPETENCIA

a  Se abren las puertas de la posmodernidad: ya no hay una verdad sino muchas verdades, ya no existe un sentido único de la historia, y las grandes ideologías desaparecen, porque todo vale. Estamos transitando de las dictaduras intolerantes a un relativismo sui generis.

Un sector de la clase trabajadora  no obstante, está despertando; pero al abrir los ojos mestizos y somnolientos empieza a ver una realidad que no le gusta, una realidad   que no comprende: Los engranajes que  mueven al mundo giran a una velocidad vertiginosa y con una precisión tal, que nuestro país estupefacto y desatinado en sus movimientos lentos y torpes se ve envuelto en una madeja de incertidumbre y desesperación.

Los países desarrollados del mundo y sus congéneres marchan de la mano en grandes grupos por los senderos de la posmodernidad, al nuestro cabizbajo y azorado lo llevan a empellones y “entre las patas” sin dar crédito todavía a lo que está sucediendo en este nuevo y turbulento amanecer.

El avance  tecnológico ha logrado que el planeta sea más pequeño, asequible y conectado. Abierto y descifrado el misterio del mágico microchip, las ideas, culturas, personas y civilizaciones de la noche a la mañana se han venido fusionando.          

Aunque nuestra comunidad mundial dista mucho de ser ideal, el proceso de integración global probablemente sea irreversible.

Este panorama general justifica el hecho de que en el campo de la educación los modelos educativos contemporáneos se vuelvan rápidamente obsoletos y sean signados con el término “tradicionalista”. Además las empresas y la sociedad en general exigen una reestructuración radical de la escuela; así mismo, como consecuencia un perfil profesional más acorde a las necesidades del sector productivo.

Todos estos antecedentes  traen como consecuencia el nacimiento en Inglaterra -país cuna  de la madre de las revoluciones industriales-  del Modelo Educativo Basado en Normas de Competencias (EBNC). Pues dicho modelo representa la imagen más nítida de las  tendencias mundiales descritas anteriormente.

Para Antonio Argüelles (1996) el objetivo de la EBNC es, precisamente, responder a las nuevas exigencias del mundo contemporáneo a través de una educación más abierta, flexible, permanente, y más vinculada con los sectores productivos.

La evolución del conocimiento en las últimas décadas y los vertiginosos cambios que se dan en los procesos tecnológicos y productivos a nivel mundial, requieren de una política educativa flexible y adecuada para enfrentar esta situación, que genera un nuevo tipo de interrelaciones educativas, sociales y económicas. Se vuelve entonces necesario, realizar reformas a los sistemas educativos, mediante la incorporación de metodologías de la enseñanza que motiven la innovación y la creatividad, lo que provoca una disyuntiva o la generación de un nuevo paradigma. "Educación-Capacitación"¿o entrenamiento?

Así lo manifiesta García J. (1997) Según González R. (1998)

“Vivimos en una época en la cual la información aplicada a las esferas de la producción, de la distribución y de la gestión está revolucionando las condiciones de la economía, el comercio, las bases de la política, la comunicación cultural mundial, la forma de vida y de consumo de las personas”.

 Este nuevo ciclo ha sido denominado sociedad de la información, debido a que es ésta la que ahora dirige la economía global en boga.

A medida que dichos procesos de globalización de las economías se van extendiendo e imponiendo, el cambiante mundo de la economía y el trabajo pone énfasis en controlar y elevar la calidad de la producción y de las mercancías, lo cual requiere a su vez, aumentar la productividad de los recursos humanos involucrados.

Una consecuencia de lo anterior ha sido el debate acerca de los mecanismos en que las instituciones educativas forman  y la necesidad de plantear modificaciones en su organización, en los contenidos y en los métodos de enseñanza.

La necesidad de relacionar de una manera más efectiva la educación con el mundo del trabajo conduce al sector oficial a promover la implementación de las opciones educativas basadas en los denominados modelos por competencias, que es una orientación educativa que pretende dar respuestas a la nueva sociedad de la información.

El concepto de competencia resulta de las nuevas teorías de cognición y básicamente significa saberes de ejecución.

La educación basada en competencias es un enfoque sistemático del conocer y del desarrollo de habilidades determinado a partir de funciones y tareas específicas.

Chomsky (1995) define competencias a partir de las teorías de lenguaje, como la capacidad  y disposición para el desempeño y para la interpretación. Por otro lado Mareli (2000) define la competencia como una capacidad laboral medible para realizar un trabajo eficazmente.

Por su parte Bogoya (2000) considera que la competencia también puede ser entendida como la “actuación idónea que emerge de una tarea concreta, en un contexto con sentido”, por lo tanto exige del individuo la suficiente apropiación  de un conocimiento para la resolución de problemas con diversas soluciones y de manera pertinente, por ello la competencia se desarrolla en una situación o contexto determinado.

Por ello, con base a lo anterior se puede considerar a la competencia  como una forma de ser y de actuar, que permite mostrar ciertas capacidades  que se pueden ejecutar en una gran variedad de situaciones correspondientes a diversos ámbitos de la vida, en lo socio-personal y que están determinadas  a partir de funciones y tareas precisas.

En 1998 la conferencia mundial sobre educación, con sede en la UNESCO expresó la necesidad de propiciar el aprendizaje permanente y la construcción de las competencias adecuadas para contribuir al desarrollo cultural, social y económico de la sociedad de la información por lo que en 1999 el mismo organismo, define las  competencia como un conjunto de comportamientos sociales, afectivos y habilidades cognitivas, psicológicas sensoriales y motoras, que permiten llevar a cabo adecuadamente un papel, un desempeño, una actividad o una tarea.

 

         “En el futuro no muy lejano, las competencias derivarán al espacio de la bioingeniería, dónde el individuo será capaz de reconstruirse para convivir de manera armónica  y equilibrada con el medio. Las competencias así serán una cuestión de supervivencia” Chomsky (1995)[1]

 

Un estudio solicitado por la UNESCO a Jacques Delors, aporta el informe  de la comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI, que conceptualiza los denominados cuatro pilares de la educación:

1.      Aprender a conocer

2.      Aprender a hacer

3.      Aprender a convivir  y

4.      Aprender a ser.

En México la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) plantea la necesidad a partir de la identificación de los requerimientos del sector productivo, establecer vínculos con las IES, con la finalidad de atender las metas económicas del país  y asentar la coherencia y articulación de los niveles básicos y medio superior con la educación superior, por medio de la educación basada en competencias.

En 1994 la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico OCDE aplica una encuesta con la finalidad de definir y medir  cuales serán las habilidades básicas necesarias para el desempeño laboral y la vida cotidiana  de las personas, en el futuro inmediato y concluye que son:

La solución de problemas, la promoción de trabajo en equipo, la aplicación de uso de la tecnología, la comunicación en el manejo de la información y la comunicación  verbal y escrita  (comprensión lectora funcional), las competencias básicas que todo individuo debe dominar para hacer frente a las exigencias de este mundo globalizado.

Entre 1996 y 1998 el congreso de normalización y certificación de competencias laborales, llevó a cabo un estudio de análisis ocupacional que determinó tres tipos de competencias:

a) Competencias Básicas: que son los comportamientos elementales que deberán mostrar los trabajadores (lectura, redacción, aritmética, matemáticas, y comunicación oral).

b) Competencias genéricas: que  forman el comportamiento asociado con desempeños comunes a diversas ocupaciones (analizar, investigar, interpretar, organizar, negociar, argumentar, enseñar, entrenar, planear,…)

c) Competencias Técnicas: formada por los comportamientos asociados con conocimientos de índole tecnológico vinculados a una cierta función productiva.

La nueva ley neoliberal (el mercado es un valor social universal, único y absoluto) establece que una oferta abundante lo único que sucede es el abaratamiento de la mercancía. Y al plantearse que ahora se requiere de mercancías de alto valor y de alta demanda pues eso es lo competitivo. Lo único posible de hacer por lo tanto, es cerrar la oferta en todo sentido, la oferta de profesionales, la oferta de enseñanza, para que la producción se revalorice. La competencia y la competitividad será la norma de selección.

 En México, el enfoque basado en competencias está íntimamente relacionado con el enfoque de calidad, por ello la Secretaría de Educación (SEP) impulsó un proceso de transformación de la educación básica, a partir de propuestas de gestión con fundamento en la construcción de escuelas de calidad.

 

  

“Bajo el discurso de la calidad, la competencia y la excelencia, se ha transformado al sistema educativo la visión gerencial de la productividad, la competitividad y la eficiencia. Así, el diseño, funcionamiento y financiamiento de los programas educativos y las instituciones escolares en sus distintos niveles, se rigen bajo los condicionamientos  y criterios de una evaluación de corte mercantil y privatizadora”[2]Navarro (2005)

 

El programa Nacional de Educación 2000-2006 plantea los nuevos lineamientos de las Reformas educativas propuestas, lo que exige la necesaria transformación del sistema educativo, donde la ruta propuesta y asumida por los diseñadores curriculares y de política educativa, fue entre otros criterios el enfoque basado en competencias. Con los siguientes condicionantes:

Conocimiento de las disciplinas, desarrollo de habilidades, desempeño o ejecución de tareas, madurez de hábitos mentales y de conducta.

Posiblemente este tipo de educación facilite la vinculación laboral de estos momentos, según demandas específicas, pero, ¿quién nos asegura que dentro de 10 años o quizás menos, estas competencias, sean las suficientes y necesarias para resolver las necesidades de un contexto, para el cual el profesional no quedó preparado y que no tenga las herramientas educativas, para ser capaz de aprender y comprender nuevas experiencias que le demanden? ¿Por qué no resolver el problema de otra forma, y no con el objetivo que propone la educación basada en competencias?

Que ironía al saber que el conocimiento creado por el hombre a través la superación de las contradicciones en el  fluir de los siglos sirva ahora para ejercer el control sobre el hombre mismo. Las distintas disciplinas científicas que albergan el conocimiento humano  contribuyen a enclaustrar, constreñir y controlar a los sectores más desfavorecidos.

Esta es una reflexión inquietante. A pesar de que se reconoce que se pueden obtener buenos resultados a corto plazo, se plantean las siguientes interrogantes: ¿Los profesores estamos preparados para esto?, ¿La educación integral no será más adecuada para nuestro contexto nacional? ¿Educamos para  responder a un mercado económico? o ¿Educamos a una persona con suficientes herramientas para enfrentarse al campo laboral y para que sea capaz de relacionarse como  ser social no como un simple individuo?

            Investigaciones realizadas por Rojo, Rentaría y Schmelkes arrojan como resultado que la educación está siendo incapaz de formar las habilidades profesionales requeridas y por ello cada vez menos los educandos tienen cabida en el mercado laboral.

 

      “Tras la pantalla de la escuela pública se incuba el modelo del neoliberalismo. Estas formas privatizadoras y mercantilistas son mucho más sutiles, pero socavan lenta y gradualmente el sistema de la educación pública, así como el contenido humanista, formativo, crítico y emancipatorio que debiera ser inherente a la educación y la tarea de educar”.[3]

           

Disfuncionalidad entre la estructura educativa y el mercado de trabajo.

            La educación es como lo dijera Freire un espacio de cambio.

            El poder humanístico y liberador de la educación.

Las competencias, entendidas como las "capacidades para desempeñar una labor en unas condiciones predeterminadas y bajo unos parámetros de calidad", e igualmente como, "las capacidades de solucionar problemas", plantean a los docentes y diseñadores algunas inquietudes como:

¿Cuáles son las condiciones en las que se debe resolver un problema o desempeñar el oficio?

¿Cuáles son los criterios de calidad a aplicar?

¿Cómo puede evaluarse si es competente o no?

¿En qué "oficio" o profesión  se debe formar?

Lo anterior obliga a conocer cómo es el panorama laboral para nuestros jóvenes, cuáles son las características que les permitirán ser exitosos;
en este punto es innegable la necesidad de trabajar  con las empresas o clientes que requerirán posteriormente a nuestros alumnos, lo que lleva a la necesidad de reinventar nuestros currículos buscando contenidos programáticos actualizados y aplicados a las necesidades tecnológicas o sociales del país, generando nuevas estrategias pedagógicas y mecanismos de evaluación que permitan al alumno llegar a la competencia.

            Un factor importante para el "éxito" profesional son las habilidades de la persona, los saberes correspondientes al ser, lo que obliga a una formación integral en donde los valores, las actitudes y el sentir son parte fundamental de la formación por competencias.

            El currículo vigente se ha estado adecuando a partir de la identificación de competencias curriculares que permitan al estudiante desarrollar habilidades durante todo su trayecto por las aulas, y aunque el debate trata sobre competencias para insertarse en el campo laboral, es importante considerar la necesidad de una educación integral.

            Esta educación debe ser tal que, ya sea en el mismo país o en otro, el alumno pueda insertarse en los diferentes niveles educativos o campos laborales, porque hemos venido a ser ciudadanos del mundo.

            De ahí que el desarrollo de competencias cognitivas, procedimentales y actitudinales, desarrolladas a través de estrategias innovadoras, permitan conformar esa integralidad de un individuo que tenga dominios en el saber, saber hacer, saber actuar y saber interactuar con otros.

            Para muchos profesores y directivos de educación, enfrentar un sistema de formación basado en competencias es un problema, porque para el cambio no  estamos preparados y nos faltan, en ocasiones, las herramientas teóricas y prácticas más elementales para enfrentarlo.

            Cambiar el papel del alumno, que asuma la responsabilidad de su propio aprendizaje, dotarlo de las herramientas básicas y de una sólida cultura general integral para poder enfrentar, desde un perfil amplio, lo que la sociedad demanda de él: un profesional competente para el desarrollo de su país y de su personalidad, es un reto demasiado pesado para un país con  grandes deficiencias educativas y con docentes  que carecen de los fundamentos necesarios para  impartir este nuevo enfoque de la educación.

            El profesor es la persona que tiene ante sí el reto de formar a las nuevas generaciones, sea por asignaturas, sea por competencias. Su ejemplo como profesional es determinante en cualquier sector educativo, y en el técnico profesional, debe estar muy preparado para facilitar el aprendizaje de sus alumnos. Debe aplicar una diversidad de métodos que le permita desarrollar las competencias de sus alumnos, por lo que requiere una actualización constante.

            Tendrá que enseñar en el contexto, estar actualizado en el campo en el que trabaja, dominar el contenido de su materia; implicar a los representantes de la industria, para la que se forma el técnico, en todo el proceso; desarrollar métodos activos de enseñanza aprendizaje, aplicar métodos de resolución de problemas, desarrollar el componente investigativo en los alumnos, dotándolos de las herramientas básicas para la investigación y por encima de todo, formar los valores humanos del individuo para hacerlo útil a la sociedad y convertirlo en un profesional competente para la vida y para el trabajo, como parte indisoluble de la educación.

Dos tendencias opuestas sostienen que: La educación es palanca determinante del desarrollo, igualadora de oportunidades, homogeneizadora, etcétera, como dice Ana María Eichelbaum en “Educación y desarrollo: la profecía autodestructiva”, o bien los que apuntaron a través de sus investigaciones al concluir que la educación refuerza y mantiene la diferenciación y la desigualdad convirtiéndose en un eficiente filtro de capacidades ocupacionales y en consecuencia un filtro social.

            El mercado es una cosa compleja y móvil, por lo tanto hay que preparar a los jóvenes más allá de competencias específicas, entonces es necesario "hacer y pensar", no sólo "hacer"...

            La respuesta a la interrogante  de si educamos  en competencias o será un simple entrenamiento simulado. Si el ser humano, es un ser integral, no sólo deben "saber hacer", también deben aprender a "ser persona", a reflexionar y a contribuir con creatividad e iniciativa en su medio social y en su vida privada.

            Lo que debe preocuparnos y ocuparnos es el hecho de ir más allá de las competencias. Es decir, buscar alternativas educacionales que nos devuelvan la idea de un  humanismo más maduro, en el que podamos afrontar estos cambios,  sin perdernos como personas  en esta globalizada civilización.

Por ello. Y a pesar de ello, México no puede quedarse al margen de las tendencias mundiales, como tampoco la escuela puede soslayar las propuestas que brotan como producto de la evolución histórica de las sociedades, sino  implementar nuevas políticas educativas para  intentar estar a la par con los países que representan hoy día la llamada posmodernidad, sin olvidar el contenido humano y emancipador tarea inherente de la educación.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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GARCÍA García, José. Jorge Montemayor Romero y Ana Emilia López Rayón Parra. La educación Basada en normas de competencia laboral. Realidad en el instituto Politécnico Nacional. México: IPN,  2000.

 

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GONZÁLEZ Apaolaza, R. Desarrollo de la educación Basada en Competencias en México. México: IPN, 1998.

 

IBARRA, Agustín. Competencia laboral y educación basada en normas de competencia, México: Limusa-sep-cnccl-conalep, 1996.

 

IBARROLA, María de. Educación básica y competencias laborales.            Bogotá: Fundaciones FES, 1998.

 

MIKLOS, Tomas. Educación y capacitación basada en competencias. Ventajas comparativas de la formación en alternancia y de llevar a cabo experiencias piloto., México: UPN, 1999.

 

MORENO, P. La Vinculación Educación-Empleo y el PDM.  México: UPN, 1995-2000.  

 

MORFÍN, Antonio. La nueva modalidad educativa, educación basada en normas de competencia. México: Limusa, 1999.   

 

NAVARRO, Gallegos César (Coordinador). La mala educación en tiempos de la derecha Política y proyectos educativos del gobierno de Vicente Fox. México: Porrúa, 2005.

 

Programa Iberoamericano para el diseño de la formación profesional, Conceptos básicos de competencias laborales", cinter/oit, Madrid: 1998.

 

Programa Iberoamericano para el diseño de la formación profesional,  Formación por competencias, cinter/oit, Madrid, 1998.

 

[1] GONZÁLEZ Apaolaza, R. Desarrollo de la Educación Basada en Competencias en México. México: IPN, 1998.

 

[2] NAVARRO, Gallegos César (Coordinador). La Mala Educación en Tiempos de la derecha Política y proyectos educativos del gobierno de Vicente Fox. México: Porrúa, 2005.  (P. 11)

 

[3] NAVARRO, Gallegos César (Coordinador). La Mala Educación en Tiempos de la Derecha Política y proyectos Educativos del gobierno de Vicente Fox. México: Porrúa, 2005.  (P. 12)